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Diez miradores con panorámicas de Cieza

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Lunes, 04 de Octubre de 2010 07:56

0_2504_1En el programa 'Las mañanas de la radio' el fotógrafo Fernando Galindo ha propuesto a los escuchantes de Radio Cieza Emisora Municipal una experiencia visual: la que proporcionan diez observatorios con vistas panorámicas de Cieza. Y es que la orografía que rodea la ciudad ayuda. Las montañas se suceden una tras otra. El valle es de increíble belleza: verdor, barrancos, bancales, palmeras levantinas que se mecen, árboles monumentales, el río Segura. Todo ello ofrece esa emocionante experiencia de la contemplación de un paisaje natural privilegiado.

Según Galindo, en un día de otoño como éstos, cuando la luz adquiere una tonalidad especial, es la mejor época del año para disfrutar del paisaje dominado por la grandeza de la Atalaya. Su visión es una de las mejores vistas con las que alguien puede comenzar una visita a Cieza. En su opinión, "reúne unas características que tienen muy pocos pueblos de la Región e incluso del país. El perfil de ambas montañas cumple las reglas de la composición. De hecho, desde cualquier lugar que miremos a Cieza, siempre encontraremos la Atalaya de forma armónica". Quizás sea el lugar más evocador que mueve al observador a apreciar el valor de la naturaleza.

Poco a poco, los ciezanos son sabedores de que poseen un territorio que han de cuidar y hacer valer turística y culturalmente. Su punto fuerte está en la variedad de contrastes que encierra una superficie de término municipal relativamente pequeña. A la fragilidad natural de nuestro entorno se suma la presión de la actividad humana. En un mundo cada vez más urbanizado, la naturaleza se convierte en un refugio, un lugar de contemplación. Es posible descubrir Cieza y su entorno desde distintos miradores. Fernando Galindo ha elegido diez, pero posiblemente podrían haber sido muchos más.

Cieza Balcón del MuroBalcón del Muro. Lo primero que se atisba del paisaje es la delgada estela azul del río Segura rodeada por completo de una exuberante masa de un verde intenso. Completamente volcado a la huerta a través de una enorme muralla de piedra, el Balcón del Muro se ha convertido en uno de los mejores puntos de la ciudad para observar atardeceres espectaculares. A los vecinos de la zona parece que les haya tocado la lotería con las vistas. La mirada se recrea con el eucalipto del Puente de Hierro, un ejemplar de 24,1 metros de altura.

Cuesta de HontanaCalle Hontana. Es un prodigioso mirador encasquetado en el corazón de la ciudad. La vista que ofrece este lugar no puede distar mucho de la que encontraron muchos artistas ciezanos que pasaron por la segunda mitad del siglo XX e hicieron de la Atalaya su icono. La huerta tradicional, alfombrada de frutales y bancales, se desparrama con la mirada puesta en el mástil que corona el pico de la Atalaya. Sin demasiado esfuerzo se puede contemplar el formidable pino carrasco que envejece en el paraje del Argaz.

ErmitaStoCristoErmita del Santo Cristo del Consuelo. Aunque la monumentalidad de la ermita distraiga la atención, la panorámica del casco urbano es impresionante. Son sobre todo la empinada Atalaya y la suave depresión del valle las que generan el asombroso impacto visual de una ciudad que yace a 190 metros sobre el nivel del mar. Es posible observar las moreras alineadas en el margen izquierdo de la carretera de Calasparra.

Casa de las Delicias. El visitante encuentra otra vez el placer de la huerta tradicional o el gusto que a la vista da la sierra de la Atalaya, y desde donde también se divisa el casco antiguo de Cieza. Más allá de la visión placentera de este lugar, la Casa de las Delicias también ha atraído la mirada de pintores locales. Otras miradas, como la del fotógrafo Galindo, han retratado mejores épocas en esta vieja casona del siglo XIX. El conocido almez o latonero de Las Delicias, de 12,7 metros de altura, da la bienvenida al visitante.

Ermita de la Virgen del Buen Suceso. El collado de la Atalaya, donde se alza la ermita de la Patrona, ofrece una panorámica de Cieza desde una altura de 351 metros. Lo que se observa a sus pies es para emborracharse de belleza: una frondosa pinada que desciende hasta la huerta y los meandros del Segura. Desde las primeras luces del amanecer hasta la noche permite ver las infinitas posibilidades que ofrece un paisaje que cambia constantemente. Otra opción para completar la vista es subir al castillo, una fortaleza de origen andalusí que domina el horizonte desde lo alto de un cortado.

El segundo camino de la Atalaya. En Cieza, caminar es un ejercicio habitual, saludable y necesario; más o menos como tomar la fresca en las noches de verano. Esta senda discurre pegada a la ladera norte cubierta por pinos. La placidez y serenidad del recorrido contrastan con la extraordinaria vista: el entramado urbano y la sierra de Ascoy al fondo. A orillas del río, a la izquierda, en primer término, se distingue el Puente Alambre, y junto a él, la huerta del Fatego. Un poco más arriba, en la misma orilla, el puente del Argaz.

El Búho. En la periferia de Cieza, no lejos de la A-30 y del polígono industrial Los Prados, la mirada encuentra el mismo sosiego que cuando mira desde otro punto del municipio. Picos y montañas rasgan el horizonte desde este lugar recomendado por Galindo. La mejor hora para ver este perfil es el amanecer o el crepúsculo, cuando los rayos oblicuos del sol realzan los contornos. La contemplación se pierde entre los parajes de Las Ramblas, El Tamarit y Fuente de la Teja.

Sierra de Ascoy. Desde los depósitos de agua potable se puede contemplar una perspectiva única, el impresionante perfil de la Atalaya y la ciudad en su conjunto. Por delante corre la A-30. Más hacia el sur, fuera de los límites del paraje protegido de la sierra de Atalaya y Menjú, se alza la sierra del Oro.

Sierra de la Cabeza del Asno. A primera vista, una cosa llama la atención nada más pisar el lugar: una panorámica completa de la comarca. Es otra atalaya idónea para contemplar la vega de Cieza. Se trata de un largo anticlinal de orientación Oeste-Este cuya ladera sur conforma un glacis que se extiende hasta el valle. En lo alto de la cresta desde la que se divisa El Picarcho la vista se pierde.

El Almorchón. Y para terminar, un mirador majestuoso. Aquí, en esta montaña situada a diez kilómetros al oeste del municipio, no queda nada más que la tranquilidad. La sensación que produce el encuentro con esta mole granítica de 764 metros es única. Desde lo alto, la ladera cae abruptamente como un acantilado por la cara este y ofrece una panorámica extraordinaria no exenta de una ligera sensación de vértigo. Es un hábitat en muy buen estado de conservación próximo a un área catalogada como zona de especial protección para las aves.

 

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